El que paga descansa…

El dinero produce alteración del ánimo en, al menos, dos situaciones concretas: cuando se tiene un dinero del que no se es dueño y cuando se es dueño de un dinero que no se tiene. En la primera de ellas la alteración se mitiga cuando se entrega el dinero a su legítimo dueño: se paga; en la segunda, cuando el legítimo dueño recibe el dinero que le pertenece: cobra. Esta idea de que el movimiento de dinero produce alteración anímica queda recogida en la sabiduría popular en el refrán: «El que paga descansa y el que cobra más» y en la etimología de la palabra ‘pagar’.

La etimología es la especialidad lingüística que estudia el origen de las palabras en cuanto a su existencia, significado y forma, para ello plantea tres preguntas básicas:

  1. ¿Por qué existe esta palabra?
  2. ¿Por qué tiene esta forma?
  3. ¿Por qué tiene este significado?

Las respuestas dan información valiosa que ayuda a conocer más en profundidad a la comunidad lingüística que las usa.

En cuanto a la palabra ‘pagar’, este es un posible análisis etimológico:

  1. ¿Por qué existe la palabra ‘pagar’?  Porque ha habido necesidad de designar una realidad existente en la comunidad lingüística: la entrega de dinero o especie a cambio de un producto o servicio.
  2. ¿Por qué tiene esta forma?  Porque procede del latín pacāre que significa ‘apaciguar’, ‘calmar’, ‘mitigar’.
  3. ¿Por qué tiene este significado?  Porque el acto de ‘pagar’ calma, apacigua y mitiga el ánimo de las personas que se ven implicadas en la acción.

De ser el análisis acertado el origen de pagar sería la conceptualización de una sensación: calma; resultado de una acción: movimiento de dinero. Ese matiz emocional que da origen a la palabra queda oculto en el uso del día a día atribuyéndosele, paradójicamente, un valor, en esencia, material.